“¡Vayamos allá, donde nos llaman los dioses y la injusticia de los hombres!¡Alea iacta
est! (La suerte está echada)”
Iulius Caesar (100 a.C. - 44 a.C.)
Inolvidable semana para la negritud, amigos. Me alegro, porque crecí admirando a muchos de
esos tipos: Eric Dolphy, Alí, Hendrix, Thelonious Monk, Leonard, Pelé, Mingus; y también Arthur
Ashe, sólo porque su apellido suena como el mío. Lewis Hamilton –nuevo campeón de F1–,
Barack Obama y Tiger Woods, el rey del golf, tienen algo en común. Una estética tranquilizadora,
digamos. Son pibes lindos, yernos soñados para cualquier madre de la patria.
Noam Chomsky, con sorprendente ironía, dijo por ahí que el nuevo presidente norteamericano
parece un blanco que ha tomado demasiado sol. Un zarpado. Cierto es que ninguno tiene esa piel casi
azul de Joe Frazier o Tina Turner, pero negros son, todos ellos. No sería extraño que estalle un
boom de consumo masivo; mucho rap –uf–, blues; una reivindicación histórica para
nuestro negro Falucho y quién sabe si no aparecen simpáticas remeras y posters de Santucho, morocho
guerrillero setentista y fiel continuador del Che, hoy ícono mundial, respetado hasta por los
sectores más conservadores que lo destacan porque “equivocado o no, luchó y dio la vida por
sus ideas”.
¿Que no? ¿Ni ahí? ¿Que si estoy loco, o tomé algo? Bueno, todo bien, no problem. Era una
idea, nomás. Apostemos al Estudiantes del Negro Astrada, entonces, que impone el veronismo
sudamericano. ¡No puede fallar!
Los clásicos y la historia nos dan valiosas lecciones, sólo hay que saber leer. Quizá
repasando la célebre escena de la fatal traición en el Julio César de Guillote Shakespeare
(“¿Tú también, Bruto?”); o recordando la crisis que desató en el país el “efecto
Cleto”, Maradona disparó su primer conflicto a la hora de definir sus vices. Algo afiebrado
por el oro olímpico, Checho Batista –junto a Tata Brown– desarrolló un proyecto propio,
marcó territorio y puso sus límites, tan sincero como ingenuo. Chau. Maldición divina para el
elegante cinco de dos mundiales. Siamo fuori.
Primero sonó Ruggeri, riesgosa apuesta rápidamente abortada en la AFA. Era como juntar a
Nerón con el Russell Crowe de Gladiator. Too much para Grondona. Entonces se buscó al opuesto, la
“variante Bambi” (que no Veira). El e-legido fue Miguel Brindisi, profesional serio y
con años de experiencia. Un Rodríguez Zapatero futbolero, un Gustavo Beliz after Manzano. Alejandro
Mancuso, virgen de antece-dentes pero inamovible, tiene claro su papel en la estructura. Será el
amigo rentado. Confesor, consejero, palmeador de espaldas. Dirá que sí. A la o-ferta, digo.
Mientras se resuelven estas feroces internas en la simpática Generación del ’86
–por cierto, ¿los del ’78 han fallecido, ya?–, Maradona será asistido por
Bilardo. ¿Qué hará? Ah, misterio. Planificador obsesivo, tacticista full time, meloneador de
Messis, insomne oficial, vaya uno a saber. Eso sí, los que imaginaban que su palabra sensata podría
equilibrar las turbulentas pasiones que suelen desbordar a Maradona, han caído en el desconsuelo
más profundo.
En la ceremonia de asunción, con ese desopilante discurso de cómic, el doctor refrescó su
credo. “La Selección está por encima de la propia familia”, dijo, sin anestesia, al
lado de un hombre que confesó más de una vez su infinita culpa por no haber podido ver el
crecimiento de sus hijas, quebrado por la cocaína. Maradona sonrió, comprensivo y un poco turbado.
Ay.
Bilardo también acusó al periodismo de “flu”. En su dialecto, “demasiado
light”; es decir, muy respetuoso, o decididamente chupamedias. Pidió más crítica. Necesita,
como Bush, una hipótesis de conflicto para hacerse fuerte. Busca enemigos para calentar la batalla
de la mano de nuestro máximo guerrero. Y bueh, son estilos.
Grondona prefirió meterse en este lío mayúsculo pero rentable, y se amigó pour la gallerie
con enemigos mortales con tal de asegurar la herencia del Imperio. Eso sí es ser buen padre,
señores. Mientras tanto se facturará a lo loco, esté quién esté a la diestra de Dios. Bien lo sabe
Guillermo Toffoni, cara visible del grupo ruso que maneja las giras de nuestra albiceleste. Ellos
manejan ahora a los Globetrotters, los Stones, los Beatles con Lennon y George resucitados, Los
Pal-meras con su Bombón Asesino o la nueva Armada Brancaleone. Big Show para el mundo. Veremos.
¿Qué es La Armada Brancaleone? Una deliciosa comedia del cine italiano, protagonizada por
Vittorio Gassman y con una saga filmada en 1970: Brancaleone en las Cruzadas. El personaje de
Gassman, Brancaleone di Norcia, es un falso caba-llero medieval, buenazo, quijotesco y fanfa-rrón,
que lidera un estrafalario ejército en marcha hacia Tierra Santa. Allí hay de todo. Un ciego y un
rengo que caminan juntos cubiertos por una enorme túnica; un viejo judío que lleva su propio ataúd
como mochila; fanáticos religiosos; un traductor de lenguas exóticas, cantos de pájaros, brisas y
ruidos; leprosos con campanita; un masoquista que se flagela, y bellas doncellas. Todos, entonando
su himno de guerra: “¡Branca-Branca... León-León!”. La lucha final es contra la muerte.
Y gana, después de sufrir de lo lindo. Recomiendo ver esta peli.
Lea la nota completa en la
edición impresa del diario Perfil.
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