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“Para Assange, la verdadera convicción empieza cuando ‘las botas de los soldados derriban la puerta de tu casa y vienen por vos’.”
Daniel Domscheit-Berg, “Dentro de WikiLeaks” (2011).
¿Quién es Julian Assange? ¿Es la reencarnación de un Che Guevara posmoderno que lucha contra el imperialismo yanqui con notebooks y bases de datos, en lugar de bombas y guerra de guerrillas? ¿O se trata de una celebrity más pendiente de la repercusión que su figura genera en los medios que del contenido de sus proclamas e ideales?
La respuesta podría encontrarse en un trabajo publicado en plena “wikimanía”, cuando la atención que recibía Assange dejó muy poco espacio para el resto. Dentro de WikiLeaks es un verdadero WikiLeaks de WikiLeaks, un detrás de escena del portal que desnudó la diplomacia norteamericana. El trabajo fue escrito por Daniel Domscheit-Berg, un alemán que acompañó a Assange en los inicios de su meteórica carrera y lo ayudó a fundar la famosa plataforma. El joven australiano, hay que decirlo, no queda muy bien parado en este libro.
Para Domscheit-Berg, Assange fue presa de su propio éxito. Y su egolatría le hizo desviar el origen de la idea que había dado vida a WikiLeaks. “Se perdió en la vorágine del espectáculo. La relación de Julian con WikiLeaks se convirtió en una simbiosis inseparable y todo derivó en un fenómeno pop”, sintentizó el, hasta hace unos años, amigo íntimo de Assange. “Gracias a WikiLeaks, Julian terminó creyendo que era una estrella de rock. Los medios lo convirtieron en una figura engreída”, agregó el hacker alemán.
El hombre que fue protagonista de los primeros años de WikiLeaks, cuando nadie imaginaba la fama que lograría el portal, revela que Assange siempre desconfiaba de todo y creía ver espías de la CIA en cualquier esquina. Incluso, mucho antes de que el poder de Washington se sintiera mortificado por sus revelaciones, el joven australiano evitaba dormir en el mismo departamento, cambiaba continuamente su teléfono celular y sus correos electrónicos. “En mi vida he conocido a alguien tan fuerte como Julian. Tan liberal, tan enérgico, tan genial. Pero también tan paranoico, tan obsesionado con el poder, tan megalómano”, completó Domscheit-Berg.
Esta semana, el romance mediático entre Assange y la prensa mundial volvió a darse cita. Julian continuará sus días en Ecuador o en Suecia. Y allí lo seguirán los flashes.